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Un el estudio RDR, proyectó desde una línea de muebles hasta un edificio universitario

 

Algunos comparan este momento de la construcción con los años noventa, por la cantidad de obras, pero Bárbara Moyano Gacitúa (de 33 años) preferiría pensarlo como en la década del cincuenta, ya que le “gustaría participar de una época así, cuando en la Argentina había mucha y buena arquitectura”. Ocho años de trabajo en el estudio Suizo RDR corroboran sus intenciones, conjugando formas y materiales de manera contundente aunque silenciosa y no intrusiva, tanto en el diseño de una línea de muebles para las oficinas centrales de Nestlé (obra de Jean Tschumi, 1960, considerada de gran valor patrimonial) como en la ampliación del restaurante del campus universitario IMD, dentro de un parque arbolado.

Desde 2006, junto con el arquitecto Bruno Emmer, se asociaron a Jacques Richter e Ignacio Dahl Rocha para abrir el estudio RDR y Asociados en la Argentina, y desde aquí proyectan vía Internet los encargos que surgen en distintos lugares del mundo, mientras se inician como estudio local con trabajos de todas las escalas: concursos, una casa en San Luis o una urbanización en la Patagonia.

-¿Qué pensás al trabajar con las formas del pasado, el patrimonio y el paisaje?

-El diseño de una línea especial de mobiliario para la gerencia de Nestlé fue el primer trabajo en el que participé como pasante en RDR, en Lausanne. Tschumi, además del edificio, había diseñado los muebles, y fue por su gran calidad que en la nueva serie reeditamos algunos trazos, como homenaje al autor, y con el mismo cuidado que RDR tuvo al intervenir las oficinas.

El restaurante del IMD fue un caso distinto. La capacidad del edificio existente no era suficiente, y la ampliación requerida era un volumen aún mayor y sólo se podía crecer sobre el parque; la geometría respondió tanto a la U construida como a un castaño, en la fachada Sur. Recurrimos a la transparencia y a la madera para que el parque atraviese de alguna forma el nuevo edificio.

-¿Qué se exige en Suiza?

-Hay una nueva responsabilidad sobre lo construido, que comenzó como acá, tratando de evitar el colapso de las redes en un momento de gran crecimiento del sector. Las normas de construcción tienen en cuenta el ahorro de energía (aislación térmica de 12 cm de espesor como mínimo; ventanas de doble vidrio hermético; se evitan puentes térmicos; se tienen en cuenta luces de bajo consumo y la orientación solar); ecología y desarrollo sustentable, más cuestiones legales, y todos los profesionales lo respetan. Por ejemplo, en el caso de la saturación de la red pluvial, debido a la escasez de terreno absorbente, en la actualidad los edificios deben retener el agua de lluvia, y en ese sentido el restaurante del IMD restaura el espacio de parque ocupado con una cubierta con tierra y vegetales, de bajo mantenimiento. Aunque este tipo de reglas limite la libertad del proyecto, puede generar arquitecturas interesantes, como fueron en Buenos Aires las investigaciones del sistema Helios, de Wladimiro Acosta, y como es el edificio de Greenpeace, del estudio ABBS Point Design (ver suplemento del 22 de febrero de 2006).

-¿Cambió tu forma de pensar la arquitectura?

-Al empezar ahora en Buenos Aires con una estructura de cinco o seis personas, valoro mucho haber vivido la experiencia de trabajar en un estudio de más de 50. Creo que la profesionalización del trabajo que conocí en Suiza es útil en cualquier escala. En la facultad, arquitectura era para mí proyectar un edificio; el arquitecto como organizador no era más que una noción abstracta. En RDR primero lo vi desde afuera, y lo viví como encargada del proyecto de IMD. La realidad es que el edificio construido va a estar allí por mucho tiempo, impactando en mucha gente y en el medio; además, una obra significa mucha plata para el cliente, y la responsabilidad es bastante grande. Referentes

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